Los 33
En la profundidad
la oscuridad es eterna,
y en cada segundo
pesa más su sombra.
El oído se agudiza
esperando algún sonido,
algún latido de vida
que venga desde arriba;
pero solo el silencio,
como garra en el corazón,
arranca la esperanza.
¿Será este el último minuto,
la última gota de aire
que acaricie sus pulmones?
El sofocante calor
los quiere aletargar,
pero inertes esperan
un rayo de vida,
una cucharada, un sorbo
que los aferre a la vida
en minutos eternos
que parecen años.
Pero algo dentro les dice
que hay que seguir luchando,
envueltos en un llanto mudo
que también se oye arriba:
son las lágrimas y rezos
de sus seres queridos,
cantos y plegarias
que sostienen la vida.
El mundo se paraliza
frente al milagro de vida,
y desde el fondo de la mina
sube un mensaje de fe:
«Estamos bien los 33»,
«Estamos bien los 33».
Treinta y tres multiplicados
por millones de abrazos
y millones de lágrimas
por el milagro de pie.
Bajo toneladas de roca
brilla una frágil luz:
no es del casco ni de la veta,
es del pueblo y su cruz.
Somos 33 en la tierra,
somos millones también,
atados a la misma cuerda
que los devuelve a nacer.
El mundo se paraliza
frente al milagro de vida,
y desde el fondo de la mina
sube un mensaje otra vez:
«Estamos bien los 33»,
«Estamos bien los 33»…
y en la garganta del mundo
se hace canción su papel.
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